Su atención por favor

Una hora no es solo una hora, es un vaso lleno de perfumes, de sonidos, de proyectos y de climas. 

M. Proust, “En busca del tiempo perdido”, 1927.

Según una de las tantas empresas que se dedican a analizar lo que hacemos en las diversas plataformas, parece que los latinoamericanos le dedicamos, en promedio, 35 segundos a la lectura de las noticias.

Independientemente de la evidencia de que, a esta altura, todos somos Truman Show, quería reflexionar sobre ese medio minuto de lectura porque habla a las claras de nuestra relación con el tiempo y, por supuesto, de los hábitos que con mayor o menor prisa y sin pausa vamos cultivando a la vez que nos pasan inadvertidos.

No sé si les ha ocurrido asistir a algún congreso o seminario y ver que mientras el orador de turno dice lo suyo, a su lado, otro expositor “aprovecha su tiempo” para chatear o contestar mails. Aun cuando sabe que está siendo filmado, no registra que no está escuchando y entonces ni siquiera puede poner cara de “qué interesante” frente a las palabras de su colega. Algo así como una pérdida de autoconciencia durante la cual nadie cree necesario decirle “che, están las cámaras, hacete el que escuchás” o algo parecido a lo que intentan hacer nuestros estudiantes cuando están en clase en cuerpo, pero no en alma.

Lo que me interesa destacar, más allá de un juicio de valor sobre esto, es que muy lentamente vamos perdiendo el registro de la adopción de algunas prácticas, esas que hace un año hubiésemos condenado. Lo cual nos muestra varias cosas, tales como que estar en la presencialidad no implica habitarla y que hemos desarrollado una nueva forma de concebir el tiempo.

Mientras, la acción de escuchar se vuelve cada vez más una actividad que se comparte con otras, sobre todo si en las primeras palabras no han logrado seducirnos.

Hoy, en nuestras sociedades de los miles de estímulos, los primeros segundos son cruciales.  Piensen cuando hacen clic en un video. Si a los 10 segundos (¿o a los 7?) lo que vemos no nos cautiva comenzamos a deslizar el botón de avance hacia la derecha (en el mejor de los casos) para ver si en el segundo 54 se puso interesante. Algo que seguro será imposible que ocurra porque nos salteamos los cuarenta y pico de segundos que hay en el medio y los métodos para hacer una lectura transversal que se emplean con textos escritos no aplican para el audiovisual. De modo que no solo no podríamos decir si nos perdimos algo que valía la pena, sino que nos auto-convencemos de que en realidad no era interesante. Al fin de cuentas, no tenemos tiempo para mirar y leer todo lo que queremos. 

¿El tiempo es escaso? Es el de siempre, nuestra percepción del mismo ha cambiado, al igual que el uso que hacemos de él. “Miramos más rápido” e inevitablemente desarrollamos una vista gorda (y un oído también) un poco para sobrevivir a la cantidad de estímulos (noticias, papers, el video del perrito, charlas de especialistas, una nueva versión de “Despacito”) en distintos espacios, físicos y virtuales, a pesar de que esta atención flotante en varias cosas nos quite profundidad.

De a poco, la lectura de superficies se nos ha vuelto una práctica, pero también una necesidad. Alessandro Baricco (2008) ya daba cuenta de la mutación que veníamos sufriendo cuando decía que esto de ir hacia lo profundo para entender de qué se trata nuestro objeto ya no va más. Ahora la movida pasa por echar un vistazo aquí y allá y deleitarnos con nuestra ecléctica dieta cognitiva.

Lejos de volverse nostálgico, el autor intenta describir y comprender esta transformación para ver qué de todo nos llevamos del viejo mundo con nosotros, no para salvarlo de los cambios sino para incluirlos en nuestra metamorfosis.

Por su parte, el académico Henry Jenkins sostiene que este tipo de atención descentralizada no es buena ni mala en sí, sino que depende de la situación y del contexto. A veces necesitamos centrar todo el foco en un tema determinado y en otras es mejor echar mano del barrido ocular porque tenemos que recopilar la mayor variedad de fuentes y no hay tiempo o no vale la pena procesarlas en profundidad. Para ambas se necesita pericia.

El problema es que nos vamos acostumbrando al escaneo superficial y hay textos que necesitan más buceo que nado en superficie, teniendo en cuenta, además, que vivimos en un ecosistema audiovisual donde el vistazo no alcanza para comprender. Se requiere atención profunda y tiempo, como el que antaño reclamaba Osías. Un tiempo no apurado, donde sea posible estar atentos, como usted ahora, más de 35 segundos.

Animación: Horacio Pagani (Imágenes: Freepick.es)
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4 comentarios sobre “Su atención por favor

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  1. me resulta interesante el hecho de que al hacernos notar que ya no ponemos la dedicación y tiempo a disfrutar cada palabra en una lectura logramos detenernos como una consigna.La realidad es que la fugacidad con la que vivimos sin detenernos se hace contexto hasta en el modo de de leer, conocer y mirar algo. Ambas notas lo expresan con mucha calidad.

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