“Rompen todo el día con el tema de la privacidad”

Una de las primeras actividades que les propongo hacer a los docentes en el curso sobre «Uso responsable de las TIC» es averiguar qué hacen lxs chicxs en las redes. Dentro del abanico de preguntas sugeridas, está la de si algún adulto les habló de la privacidad. La respuesta de uno de ellos fue, como se darán cuenta, la que da título a esta nota y me pareció interesante recuperarla por su elocuencia y el eufemismo para decirnos -en clave adolescente- que algunos adultos somos un poco ¿insistentes? (como para traducirlo a un término que podamos escribir aquí) con ese tema. Ahora bien, ¿sobre qué insistimos los que cada tanto insistimos?

En general lo que nos preocupa es que sus datos personales y/o su intimidad sea expuesta en las redes. Con el primer objeto de nuestra preocupación, capaz que podemos ponernos de acuerdo. Si les enumeramos cuáles son los datos personales podríamos coincidir en que, por ejemplo, conviene no decir dónde vivimos. El segundo, es más difícil. ¿Qué es la intimidad para nosotros? Casi todo lo que ellxs publican, menos las fotos de la hamburguesa que se están comiendo o la foto del gato. Todo lo demás, donde aparezca rostro, cuerpo, alguna reflexión existencial, nos parece íntimo. ¿Qué es la intimidad para ellxs? Algo complejo pero que, decididamente, no coincide con nuestros parámetros. He aquí entonces la primera cuestión, la distinción entre lo público, lo privado y sus límites cada vez más porosos.

La segunda cuestión es que para muchos niños, jóvenes y adolescentes las redes son un espacio de socialización, es parte del lugar que habitan; no constituyen algo externo con lo que se conectan, sino que viven conectados y se desconectan -parcialmente- cuando están en la escuela, hacen algún deporte o actividad que les impide ver el celular.  

¿Y qué hacen en las redes? Un montón de cosas. Sí, aunque usted no lo crea y piense que miran cual zombies la pantalla, lo cierto es que juegan, comparten contenidos, suben fotos, canciones, videos propios y ajenos, “megustean”, escriben, leen, fisgonean, por decir algunas. ¿Por qué lo hacen? Bueno, algo ya dijimos en relación con la socialización, es decir, porque en esos espacios se pueden encontrar con otros, a veces conocidos y otras tantas no, con los cuales tienen mucho en común. Porque, precisamente, las redes les permiten entrar en comunidades con los mismos intereses o los habilita a poner en juego ciertos aspectos de su personalidad que no se atreverían a mostrar en presencia de los demás. Entonces, por un lado, tienen la posibilidad de expresar sus gustos, sus identidades de género y sus pasiones con otros que comprenden y comparten sus consumos culturales. Allí, se encuentran con fanáticos del manga, de las historietas, de Harry Potter, de sus series favoritas, de sus ídolos musicales; intercambian trucos de sus juegos preferidos, siguen a sus youtubers.

Pero, como en todo, siempre hay un lado B. La misma posibilidad que tenemos para comentar si algo nos gusta la podemos utilizar para denigrar a alguien. La ventaja de expresarnos con cierto anonimato, y sin la presencia de la mirada del otro, puede dar lugar a llevar a cabo acciones hirientes. Es más sencillo suspender la empatía cuando el otro no está en cuerpo, aunque esté en alma. Es, precisamente, esta faceta del comportamiento humano en las redes a la que nos referimos cuando les pedimos a los chicxs que cuiden su privacidad, porque tememos que los humillen por publicar algo o que alguien los contacte y les haga daño.

El tema es que los chicxs perciben que ese peligro es menor respecto de las ventajas que la red ofrece. Las redes son -como diría Sandro- un mundo de sensaciones. Por lo tanto, cuando nos acercamos para saber si se cuidan, sutilmente nos echan flit[1]dándonos a entender que ya saben sobre el tema, aunque haya un gran porcentaje que nunca configuró la privacidad en el perfil o, entre quienes sí lo han hecho, muchos hayan dicho que tienen amigos de amigos y hasta una novia virtual con la que nunca se vieron.

En otros términos, la configuración de la privacidad entra en tensión con el deseo de conectarse con otros, conocidos y no. A esto hay que sumar que las redes viven de nuestros contenidos y su naturaleza es esparcirlos, viralizarlos. Pretender privacidad en las redes es casi un contrasentido, como pedirle al escorpión que no pique a la rana. Su funcionamiento depende de la cantidad de información que compartamos con cada vez más gente. Por ello es que lo “público” viene por defecto y lo “privado” requiere una atención especial, más allá de que nada que consideremos privado mantiene su estatus si lo subimos a las redes.  

De modo que, si vamos a preguntar a los chicxs si se cuidan, lo más probable es que nos digan lo que queremos escuchar. Ahora, si realmente queremos saber si se cuidan y ayudarlos es necesario darnos el tiempo para conversar dejando de lado las moralejas aleccionadoras de los cuentos clásicos, tratando de involucrarnos desde el interés genuino por saber qué hacen, cómo y qué piensan y sienten realmente. Desde ese lugar de confianza (que requiere de un trabajo previo y sostenido) es que se pueden pensar estrategias conjuntas que no sean percibidas como bajadas de línea de los adultos, sino una construcción a la que arribemos juntos, que considere sus necesidades de socializar y los mantenga alerta frente a los riesgos.   

[1] ¿Demasiado joven para conocer el término? ¡Googlee!

Collage: Horacio Pagani (Imágenes: Freepick.es)

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Un comentario sobre ““Rompen todo el día con el tema de la privacidad”

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  1. El uso de la privacidad de los celulares también es un tema por el cual consultan varios papàs en consultorio,¿ cual es el limite?,¿ se lo puedo revisar?, ( preguntan), tema tambien discutido en el aula sobre el uso del mismo.
    creo que es como todo, si se usa bien es un herramienta y sino sera un peligro, lo mismo sucede acerca del uso de la privacidad.
    me parece que asì como uno imparte informacion acerca de como se usa el celular debe también anoticiar sobre las consecuencias de esto.
    me refiero a compartir información privada, al mismo hecho que otros hagan uso de esto, al respeto de los padres a hijos y docentes y alumnos.
    y a no minimizar el hecho de que sacar una foto que puede luego volverse motivo de burla o resultar des contextualizada o usada para burlarse de alguien tiene consecuencias, por eso es importante mostrarles los alcances y las consecuencias y lo que puede suceder si se usa mal, sin invadir su privacidad.

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